Columnas mundiales de la SPDI: “Perú ante el Nuevo Orden Geopolítico: Unos análisis FODA de su Inserción internacional”

 

Columnas mundiales de la SPDI: “Perú ante el Nuevo Orden Geopolítico: Unos análisis FODA de su Inserción internacional”

Embajador Jorge Castañeda

  1. Marco conceptual

El posicionamiento internacional de un país depende de la confluencia de múltiples factores que se caracterizan según su naturaleza en estructurales y dinámicos.

Los factores estructurales son la base material y el potencial inherente de un Estado. Se caracterizan por su naturaleza relativamente fija o de lenta evolución. En este grupo se encuentran la extensión territorial, la ubicación geográfica, el tamaño de la población y la dotación de recursos naturales. Estos elementos forman el sustrato físico y demográfico sobre el cual se construye todo lo demás, representando los activos permanentes o de muy largo plazo con los que cuenta una nación.

Los factores dinámicos están constituidos por las capacidades que permiten gestionar, aprovechar y potenciar la base estructural. Su evolución es más rápida y dependen directamente de la gestión política e institucional. Aquí se incluyen el nivel de desarrollo político, económico y social, así como la existencia de un servicio exterior profesional y eficaz.

Los factores estructurales definen el punto de partida y las cartas con las que un Estado juega, los factores dinámicos reflejan la pericia con la que ese juego se lleva a cabo, determinando en última instancia el éxito y la influencia de la nación en el ámbito internacional.

La interacción estratégica de ambos factores define la capacidad de un Estado para proyectar influencia y establecer alianzas. Una combinación inteligente permite no solo compensar carencias y potenciar ventajas, sino también diseñar políticas que atenúen los impactos negativos provenientes de actores mejor posicionados. El objetivo último de este manejo integral es fortalecer la autonomía del país y construir una posición internacional resiliente y proactiva.

La historia comparada entre los países ilustra con claridad el contraste en la articulación entre ambos factores. Países como Arabia Saudita o Rusia, dotados de una inmensa riqueza natural, parten con una ventaja material indudable. Sin embargo, su prosperidad a largo plazo depende críticamente de su capacidad para desarrollar factores dinámicos robustos—como instituciones transparentes, un sector económico diversificado y un Estado de derecho—para gestionar esa riqueza de forma productiva.

En el extremo opuesto, naciones como Japón o Singapur, con escasos recursos naturales, demuestran que su carencia puede convertirse en un potente incentivo. Para suplir esa falta, se vieron obligadas a apostar de manera intensiva y temprana por el desarrollo humano, la innovación tecnológica, la eficiencia y una diplomacia económica agresiva, construyendo así su poderío sobre bases más sostenibles y menos volátiles.

En esencia, este contraste revela que el recurso fundamental no es tanto lo que yace bajo el suelo, sino la calidad de la gestión política e institucional que se ejerce sobre el territorio y su población.

  1. Fortalezas y debilidades del Posicionamiento Internacional del Perú

La posición del Perú en el escenario global es el resultado de la interacción entre sus factores estructurales inherentes y la efectividad de sus factores dinámicos de gestión.

  1.  Fortalezas

Factores Estructurales:

El Perú se define, en primer lugar, por su condición de ser un país con un cultura milenaria y con una resiliencia colectiva forjada a lo largo de su vasta historia. Esta identidad profunda, cimentada en civilizaciones ancestrales y en una capacidad histórica de adaptación, constituye el sustrato cultural y social fundamental sobre el cual se proyecta la nación. Es un factor estructural intangible que aporta una narrativa única y una profundidad histórica que pocos países pueden igualar.

En términos materiales, el Perú es una nación de gran escala, siendo el cuarto país más extenso de América Latina. Este vasto territorio alberga una riqueza natural excepcional y diversa. Destaca como una potencia minera global, al ser el segundo mayor productor mundial de cobre, plata y zinc, y un productor principal de oro, lo que lo sitúa en una posición crítica dentro de las cadenas de suministro globales, especialmente para la transición energética. Esta abundancia mineral es uno de los pilares más sólidos de su base material.

Más allá de sus minerales, el país posee una extraordinaria riqueza en sus ecosistemas. Sus aguas, nutridas por la prodigiosa Corriente de Humboldt, conforman uno de los mares más ricos y productivos del planeta, otorgándole el liderazgo mundial en la producción de harina y aceite de pescado y un enorme potencial acuícola. En tierra, su condición de país megadiverso —el cuarto a nivel mundial— le brinda una ventaja comparativa única en biodiversidad, con un potencial inmenso para la biotecnología, una agricultura de nicho y la gestión de recursos hídricos desde la cordillera de los Andes hasta la Amazonía.

Complementando esta dotación, el Perú cuenta con un significativo potencial energético. Posee reservas estratégicas de gas natural, principalmente en el yacimiento de Camisea, y un alto potencial para el desarrollo de energías renovables, destacando sus capacidades en energía solar, eólica e hidroeléctrica gracias a su geografía y clima variados.

Esta formidable base material se ve potenciada por una ubicación geográfica estratégica. Con una extensa costa en el Océano Pacífico, ocupa una posición central en la fachada occidental de Sudamérica, actuando como un puerto natural y socio logístico privilegiado para el comercio con el dinámico mercado asiático. Simultáneamente, su carácter de país andino-amazónico le otorga acceso directo, influencia y una responsabilidad global sobre una porción crucial de la cuenca del Amazonas. Esta dualidad única lo posiciona como un actor clave en la agenda ambiental mundial y le confiere el potencial para convertirse en un centro logístico y de conectividad energética para la integración suramericana.

Factores Dinámicos:

En el ámbito económico-comercial, el Perú ha consolidado una de las aperturas más amplias y dinámicas de la región. Esta proyección se sustenta en una extensa red de 22 Tratados de Libre Comercio con 58 países, que incluye a potencias y bloques económicos fundamentales como Estados Unidos, China, la Unión Europea y el Reino Unido. Esta arquitectura de acuerdos, complementada por una membresía activa en la Comunidad Andina, la Alianza del Pacífico y el APEC, proporciona un acceso preferencial inigualable y lo posiciona como un centro comercial y de inversiones en la cuenca del Pacífico.

Esta integración se apoya en un marco interno de notable estabilidad macroeconómica, ganada a lo largo de más de dos décadas. La consistente disciplina fiscal y monetaria, un historial de baja inflación y la implementación de políticas contra cíclicas han creado un entorno predecible y de confianza para los mercados. Esta reputación de seriedad y gestión responsable actúa como un potente imán para la inversión extranjera directa, canalizando capital hacia sectores clave y diversificando la economía.

Paralelamente, el país ha desarrollado con gran éxito un poderoso instrumento de poder blando: su imagen de marca cultural y culinaria. La diplomacia gastronómica ha proyectado una identidad nacional moderna, innovadora y de excelencia, transformando la cocina peruana en un embajador global de primer orden. Esta atracción se potencia con un patrimonio material único, coronado por joyas universales como Machu Picchu, las Líneas de Nazca y Chan Chan, que consolidan al Perú como un destino turístico esencial y un referente de riqueza histórica.

El Perú mantiene una tradición de política exterior profesional y pragmática, caracterizada por una búsqueda constante de equilibrio. Su práctica diplomática se distingue por el cultivo de relaciones amistosas y constructivas con una amplia gama de actores, desde los tradicionales socios occidentales hasta las potencias asiáticas y los vecinos latinoamericanos. Esta estrategia de evitar alineamientos rígidos y maximizar puentes de cooperación le otorga una valiosa flexibilidad y capacidad de maniobra en el escenario internacional, permitiéndole salvaguardar su autonomía y promover sus intereses nacionales.

  1. Debilidades

Factores Estructurales:

La dimensión institucional presenta graves debilidades que afectan profundamente al país. Las instituciones son frágiles, los partidos políticos carecen de representatividad, lo que erosiona la confianza ciudadana. La gestión pública es ineficiente y desarticulada, agravada por una corrupción estructural que permea diversos niveles y por un sistema de regulaciones anacrónicas que obstaculizan la actividad económica. Esta situación se refleja en una marcada inseguridad ciudadana, en un sistema de justicia precario y en un ineficiente gasto e inversión pública, que no logra priorizar ni ejecutar proyectos estratégicos. Todo ello, sumado a niveles altos de evasión tributaria, limita severamente los recursos del Estado, desincentiva la inversión formal y frena el desarrollo ordenado.

Económicamente, el país mantiene una inserción internacional extractivista, sustentada en la exportación de productos primarios como minerales e hidrocarburos, que representan más del 60% de sus ventas al exterior. Esta dependencia lo hace vulnerable a los ciclos de precios internacionales, restringe la formación de encadenamientos productivos internos y explica en parte los bajos niveles de competitividad y productividad de la economía. A ello se suma una falta de diversificación productiva, con una canasta exportadora de baja complejidad tecnológica y una industria manufacturera débil, incapaz de generar bienes y servicios con mayor valor agregado. Este contexto se ve agravado por una pobre inversión en ciencia, tecnología e innovación, lo que perpetúa la dependencia de recursos naturales. Este modelo alimenta un alto nivel de informalidad, que a su vez socava la productividad y debilita la base tributaria.

El territorio no está adecuadamente integrado, en gran medida debido a una infraestructura deficiente y una geografía desafiante. Existe una brecha enorme en transporte, con carreteras, ferrocarriles y puertos insuficientes, así como en infraestructura energética y digital, especialmente en zonas rurales. La compleja geografía andina y la dispersión poblacional elevan considerablemente los costos logísticos y de integración interna. Paralelamente, la infraestructura de servicios públicos es pobre, con graves carencias en el acceso a agua potable, desagüe, salud y educación, lo que limita la calidad de vida y el capital humano.

Finalmente, la institucionalidad y el capital humano se ven socavados por un sistema educativo de baja calidad, que no logra formar las competencias necesarias para una economía globalizada. La escasa inversión en ciencia, tecnología e innovación es un reflejo y a la vez una causa de esta brecha en capacidades. Este déficit, unido a un sistema de justicia e investigación lento y débil, no solo perpetúa las desigualdades, sino que también desalienta la inversión en sectores dinámicos y no extractivos, cerrando un círculo vicioso que dificulta la transformación productiva y el desarrollo inclusivo.

Factores Dinámicos:

El país enfrenta una serie de factores dinámicos que constituyen debilidades estructurales para su desarrollo y estabilidad. En el ámbito político, se observa una marcada inestabilidad y una crisis de gobernabilidad, caracterizada por una alta rotación en los cargos presidenciales y ministeriales, junto con congresos profundamente fragmentados y polarizados. Esta situación genera una constante incertidumbre jurídica y política, erosionando la credibilidad internacional y desincentivando la inversión extranjera de largo plazo, fundamental para el crecimiento sostenido.

Paralelamente, la corrupción sistémica y el avance del crimen organizado transnacional representan un grave deterioro institucional. Los recurrentes escándalos de corrupción a alto nivel han dañado severamente la reputación del Estado, mientras que actividades ilegales como el narcotráfico, la minería y la tala ilegal corroen su autoridad, generan violencia y afectan la percepción de seguridad y legalidad, elementos esenciales para un clima de negocios saludable. Esta debilidad institucional se cruza con numerosos conflictos socioambientales, principalmente ligados a proyectos extractivos, cuya gestión requiere capacidades estatales que a menudo resultan insuficientes. La falta de mecanismos eficaces para resolver estos conflictos deriva en paralizaciones de proyectos y alimenta una profunda desconfianza entre las comunidades, el Estado y los inversionistas.

En la dimensión social, estas problemáticas se ven agravadas por profundas brechas socioeconómicas y una alta desigualdad. Un mercado interno reducido por la amplia informalidad laboral y el bajo poder adquisitivo limita el atractivo para las inversiones. Además, existe una notable falta de cohesión social, con problemas de discriminación y un débil civismo que se traduce en desafección ciudadana hacia los valores democráticos. Esta situación se sustenta en sistemas de educación y salud con dotaciones precarias, que generan niveles bajos de educación y agravaron el impacto sanitario de la pandemia de COVID-19. El alto desempleo y la persistencia de numerosos conflictos sociales irresueltos crean un ciclo de malestar social que, en última instancia, alimenta y se retroalimenta de la inestabilidad política, conformando un cuadro complejo de desafíos interconectados. 

  1. Oportunidades en el Escenario Internacional

La transición energética global genera una demanda creciente de minerales críticos. El Perú, con su riqueza en cobre, litio y otros recursos, tiene una posición estratégica única. Esta coyuntura puede atraer inversión de punta y abrir espacio para negociar mayor valor agregado local.

Su mega diversidad biológica y cultural es otra gran oportunidad. Ofrece una base para desarrollar turismo especializado, agroexportación de super alimentos y bioeconomía. Estos son mercados globales en expansión que premian la sostenibilidad y la calidad.

La red de tratados de libre comercio proporciona acceso preferencial a mercados clave. Esta ventaja puede servir para diversificar la oferta exportadora más allá de las materias primas, hacia bienes con mayor procesamiento.

Finalmente, la Alianza del Pacífico es una plataforma clave. Permite una integración regional profunda en cadenas de valor, innovación y atracción conjunta de inversiones. Posiciona al Perú como un centro económico dinámico frente a Asia-Pacífico.

  1. Riesgos y Amenazas en el Escenario Internacional

La fuerte dependencia de las exportaciones de commodities es un riesgo principal. Una caída en los precios internacionales o una recesión global provocarían shocks inmediatos en sus finanzas y comercio exterior.

El escenario geopolítico es otra amenaza. El proteccionismo y las fracturas comerciales pueden complicar el acceso a los mercados. La competencia por inversiones se intensifica, exigiendo no solo estabilidad macroeconómica, sino también seguridad jurídica y capital humano calificado.

La crisis climática es una amenaza directa. Pone en riesgo los glaciares, los sistemas hídricos y la seguridad alimentaria. Además, aumenta la presión internacional por adoptar estándares ambientales más exigentes, lo que podría elevar los costos de producción.

El riesgo mayor es que las debilidades internas y la dependencia de recursos primarios se combinen. Esta combinación podría convertir las amenazas externas en crisis recurrentes, impidiendo que el país avance en las cadenas globales de valor. El resultado sería quedar atrapado como un mero proveedor de recursos, con poca capacidad para retener el valor generado a nivel mundial.

  1.  Síntesis y Posicionamiento Relativo

En comparación con otros países del mundo, el Perú ocupa una posición intermedia y ambivalente. Frente a las economías avanzadas e industrializadas, su rol se define claramente como el de un proveedor de materias primas con bajo valor agregado. Aunque sus abundantes recursos naturales le otorgan una relevancia estratégica, sus profundas debilidades en institucionalidad, infraestructura e innovación lo mantienen en un escalón subordinado dentro de las cadenas globales de valor, limitando su capacidad de capturar una mayor porción de la riqueza generada. 

En el contexto regional latinoamericano, la comparación con sus pares como Chile, Colombia o México revela un contraste significativo. El Perú ha exhibido, en períodos recientes, un desempeño macroeconómico similar o incluso más robusto en algunos indicadores. Sin embargo, se ve afectado en aspectos fundamentales como la solidez institucional, la estabilidad política y la capacidad para concertar e implementar políticas de Estado de largo plazo. Países como Chile y México, además, han logrado una inserción internacional más diversificada y sofisticada, avanzando en la exportación de bienes y servicios con mayor complejidad.

Finalmente, al comparar su trayectoria con la de economías emergentes dinámicas de Asia, la distancia se hace más evidente. El Perú carece de la capacidad de planificación estratégica y de la voluntad política sostenida que caracterizó el ascenso de naciones como Corea del Sur o Malasia. Elementos clave como un énfasis sistémico en la educación de calidad, la inversión en ciencia y tecnología, y una colaboración virtuosa entre el Estado y el sector privado, no han logrado consolidarse con la misma intensidad y continuidad, lo que explica en parte su rezago en la transición hacia una economía basada en el conocimiento y la innovación.

  1. Conclusión:

El Perú posee un potencial geoeconómico y geopolítico notable, fundamentado en sus fortalezas estructurales como sus recursos naturales, su megadiversidad y su ubicación estratégica. Sin embargo, su capacidad para convertir ese potencial en un desarrollo sostenible y una influencia internacional sólida está severamente condicionada por sus debilidades dinámicas, como las analizadas —en particular, la inestabilidad política, la debilidad institucional y la falta de diversificación productiva—, lo que lo expone a los riesgos de la volatilidad global.

Su principal desafío radica en superar las debilidades de gobernanza, educación, infraestructura e innovación. Solo así podrá aprovechar plenamente sus fortalezas estructurales y las oportunidades del escenario global. Su objetivo debería ser transitar de una inserción primario-exportadora a una basada en la diversificación productiva, con valor agregado y liderazgo en nichos específicos, entre otros como alimentos sostenibles, minería responsable y turismo de experiencias, lo que le permitiría mejorar su competitividad y reducir su vulnerabilidad externa.

* La SPDI deja constancia que las opiniones vertidas en la presente columna reflejan solo el punto de vista de la persona autora y son exclusivamente atribuibles a ella.