Columnas mundiales de la SPDI: “Perú: Posibilidades de Acción frente a la Rivalidad entre Estados Unidos y China”
PERÚ: POSIBILIDADES DE ACCIÓN FRENTE A LA RIVALIDAD ENTRE ESTADOS UNIDOS Y CHINA
Embajador Jorge Castañeda Méndez
El presente artículo tiene por objeto examinar las posibilidades de actuar del Perú frente al creciente antagonismo entre Estados Unidos y China, derivado de la expansión económica del país asiático en el Hemisferio Occidental. En particular, se busca determinar en qué medida el Perú puede desarrollar vínculos con ambas potencias sin sufrir presiones o retaliaciones significativas, así como preservar un equilibrio estratégico con cada una de ellas.
Marco General: Activos estratégicos y posición relativa
En términos generales, Perú posee dos ventajas comparativas y competitivas que refuerzan su posición en la región en relación con los Estados Unidos y China. Su ubicación geográfica estratégica en el Pacífico sudamericano e importantes reservas mineras y alto potencial energético. Estos activos, sin embargo, no se traducen en un margen de maniobra ilimitado, su capacidad de acción es acotada, aunque estratégicamente significativa.
I. La ubicación geográfica como activo geopolítico
La ubicación geográfica de Perú en el Pacífico sudamericano es un activo geopolítico de primera. Perú se constituye como una especie de "triángulo terrestre" que conecta los Andes, la Amazonía y las costas sudamericanas, funcionando como un centro bioceánico natural entre Asia y los mercados del interior de Sudamérica.
Para China, la ubicación del Perú como punto central del Pacífico Sudamericano no sólo representa la puerta estratégica de ingreso y salida de sus importaciones y exportaciones, sino que su relevancia trasciende lo comercial y se inscribe en una estrategia de reconfiguración logística regional. Perú es visto como un pivote logístico que permite a China obviar en su comercio con el Pacífico sudamericano la utilización de los puertos de Manzanillo (México) y Long Beach (Estados Unidos), haciéndolo en menor tiempo y con mayor eficiencia.
Para Estados Unidos, la presencia china en el Pacífico sudamericano a través del puerto de Chancay es vista como indeseada por tratarse de un competidor estratégico global en lo que considera su "patio trasero" natural, por lo que requiere vigilancia y contención geopolítica.
II. Reservas mineras y potencial energético: el campo de batalla económico
Las reservas mineras y el potencial energético del Perú constituyen el principal interés económico de China y Estados Unidos. Ello se explica por el valor intrínseco de los recursos y por ser esenciales para las industrias de defensa, tecnológicas y de energías limpias. Perú es el segundo productor mundial de cobre y plata, y posee reservas significativas de zinc, estaño, litio —en fase de proyecto— y oro. Esta dotación de recursos lo coloca en el centro del interés por los minerales críticos a nivel global.
Interés de China: control directo para la seguridad industrial y energética
Para China, los recursos minerales y energéticos del Perú representan una fuente de suministro de vital importancia. En primer lugar, garantizan el abastecimiento para su industria pesada y militar. China es el mayor consumidor de cobre del mundo y necesita este mineral para su red eléctrica, su construcción y, crucialmente, para su industria de defensa, que requiere electrónica avanzada, sistemas de comunicación y vehículos blindados. El Perú le asegura un flujo constante de materias primas, lo que le permite diversificar sus fuentes sin depender mayoritariamente de Chile y la República Democrática del Congo.
En segundo lugar, estos recursos son fundamentales para su dominio de la cadena de valor de las energías limpias. Para cumplir sus metas de carbono neutralidad y mantener su liderazgo global en la fabricación de paneles solares, turbinas eólicas y vehículos eléctricos, China necesita cobre para cableado y componentes, así como litio para las baterías. Al controlar minas peruanas como Las Bambas o Toromocho, y las rutas de salida, como el puerto de Chancay, China asegura la materia prima para sus fábricas y fortalece su posición en el mercado global de tecnologías verdes.
En tercer lugar, China busca la integración vertical a través de empresas como Chinalco y MMG, que no solo extraen el mineral, sino que también procuran procesarlo cada vez más en territorio peruano, fortaleciendo así su control sobre toda la cadena productiva y reduciendo costos logísticos.
Interés de Estados Unidos: acceso seguro para la competitividad y la autonomía geopolítica
Para Estados Unidos, las reservas de minerales críticos en el Perú representan un asunto prioritario en términos de competitividad económica, seguridad nacional y autonomía geopolítica. En el contexto de su estrategia para reducir la dependencia de cadenas de suministro controladas por China. El Perú se posiciona como un socio estratégico debido a sus vastas reservas de cobre y litio, recursos indispensables para múltiples sectores de alta tecnología.
En el sector defensa, el cobre es esencial para la fabricación de sistemas electrónicos, municiones, vehículos blindados y componentes de aviación. La Fuerza Aérea y la Marina de Estados Unidos dependen de un suministro estable de minerales para mantener su capacidad tecnológica y operativa. Asimismo, el litio es clave para las baterías de sistemas de comunicación portátiles, drones y futuros vehículos militares eléctricos.
En la industria aeroespacial y de alta tecnología, el cobre y otros minerales son fundamentales para la fabricación de satélites, cohetes y equipos de exploración espacial. Empresas como SpaceX, Boeing y Lockheed Martin requieren insumos confiables y de origen diversificado para sus cadenas de producción.
En el ámbito de la transición energética y la movilidad eléctrica, el litio y el cobre peruanos son vitales para la meta de Estados Unidos de lograr una flota de vehículos eléctricos competitiva y para el desarrollo de infraestructura de redes inteligentes. La Ley de Reducción de la Inflación (IRA) ofrece incentivos fiscales para la producción y compra de vehículos eléctricos siempre que sus baterías utilicen minerales extraídos o procesados en países con los que Estados Unidos tiene acuerdos de libre comercio, lo que convierte al Perú en un proveedor privilegiado gracias al TLC bilateral.
Además, Washington busca activamente contrarrestar la creciente influencia china en la región ofreciendo fuentes de financiamiento alternativas a través de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC, por sus siglas en inglés). El objetivo es claro: incentivar a Perú a diversificar sus socios estratégicos y evitar la concentración del sector extractivo en manos de empresas chinas, promoviendo inversiones de capital estadounidense, canadiense o australiano bajo estrictos estándares ambientales y laborales.
Modelos de acceso contrapuestos
En el modelo de acceso a los recursos minerales, China busca el control directo de la producción mediante la compra y operación de minas con participación mayoritaria, asegurándose el mineral a precio de costo y creando una dependencia operativa, mientras que Estados Unidos prefiere el acceso de mercado a través de minas de capital privado, estadounidense o peruano, y la compra de minerales bajo reglas de comercio internacional.
En cuanto a la visión energética, China invierte en hidroeléctricas y redes de transmisión asociadas a sus minas, como la Central Hidroeléctrica de Chaglla, para autoabastecer sus operaciones y crear un ecosistema cerrado. Estados Unidos, en cambio, apuesta por el hidrógeno verde y el gas natural peruano como commodities exportables a su costa oeste o utilizables para descarbonizar la industria, concibiendo a Perú como un proveedor energético regional. En el ámbito de los hidrocarburos, Estados Unidos se ha convertido en el principal proveedor de combustibles del Perú (diésel B5, petróleo crudo y gas licuado de petróleo), fortaleciendo los vínculos bilaterales y la seguridad energética del país.
En lo que se refiere a los minerales críticos China controla aproximadamente el 25% al 30% de la producción minera metálica del Perú. Frente a ello Estados Unidos ha activado los mecanismos del TLC. El punto más sensible es el litio: aunque Perú aún no lo produce a gran escala, sus reservas en el sur han despertado el interés chino, mientras Estados Unidos impulsa un modelo de valor agregado que evite que el procesamiento quede en manos asiáticas.
En definitiva, para China las minas peruanas son una extensión de su cadena de montaje industrial, mientras que para Estados Unidos representan una reserva estratégica para su autonomía geopolítica y su competitividad tecnológica.
III. El margen de maniobra del Perú: riesgos y oportunidades
La posición de Perú en el tablero geopolítico actual es extraordinariamente delicada. El país se encuentra en la encrucijada de una competencia creciente entre Estados Unidos y China, donde las enormes oportunidades económicas que ofrece cada socio conllevan riesgos significativos para su soberanía y estabilidad. La controversia en torno al puerto de Chancay ha actuado como un catalizador, exponiendo las profundas tensiones que una alianza estratégica con una de las dos potencias podría desencadenar.
Riesgos de un acercamiento a China
Si Perú profundiza su acercamiento con China, una relación que si bien ha traído consigo importantes inversiones y un mercado de destino para las exportaciones nacionales, también conlleva riesgos significativos que no deben subestimarse. El principal es la creación de una excesiva dependencia económica de una sola potencia, lo que coloca al país en una posición de alta vulnerabilidad ante los procesos internos de China (desaceleración inmobiliaria, crecimiento más lento) y sus conflictos comerciales, especialmente con Estados Unidos, que impactan en la demanda y el precio de nuestras exportaciones clave.
Además, la concentración de la inversión y el comercio se enfoca de manera preponderante en actividades extractivas, perpetuando un modelo de desarrollo basado en materias primas con escaso valor agregado y con riesgos de generar conflictos socioambientales en zonas de alta biodiversidad. En el plano geopolítico, el estrecho vínculo con Pekín genera presiones por parte de Estados Unidos, obligando a la diplomacia peruana a un difícil equilibrio para no ser percibido como un aliado incondicional.
Riesgos de un alineamiento con Estados Unidos
Por otro lado, un alineamiento con Estados Unidos para contrarrestar la influencia china tampoco estaría exento de perjuicios. Lo más inmediato sería una probable fricción comercial con Beijing, que podría traducirse en represalias económicas devastadoras, dado que China es el principal destino de las exportaciones peruanas. Alejarse de la inversión china implicaría, además, renunciar a flujos de capital fundamentales para megaproyectos de infraestructura que Estados Unidos o la inversión privada no podrían reemplazar fácilmente.
En el frente diplomático, una alineación explícita con Washington podría alejar a Perú de varios países que mantienen relaciones estrechas con China y complicar su participación en foros regionales como APEC.
Hacia un equilibrio pragmático: propuestas de acción
Frente a esta rivalidad, Perú enfrenta el desafío de evitar convertirse en un objeto de confrontación. La clave está en una estrategia de "equilibrio pragmático" que combine diversificación de socios, fortalecimiento institucional y una diplomacia autónoma. A continuación, se examinan acciones concretas en tres ejes:
Diversificación de relaciones internacionales
El Perú debe diversificar y ampliar sus relaciones internacionales como eje central de su estrategia de equilibrio y fortalecer su presencia en los organismos y foros internacionales a través de la cooperación, diálogo y construcción de consensos. Para materializar este enfoque, la política exterior peruana debe articularse en torno a tres ejes operativos complementarios.
En primer lugar, corresponde desarrollar una diplomacia económica proactiva que negocie acuerdos de libre comercio de nueva generación enfocados en cadenas de valor sostenibles, priorizando la atracción de inversiones que incorporen componentes de transferencia tecnológica y desarrollo de capacidades locales, en lugar de limitarse a la mera exportación de materias primas. Asimismo, es fundamental promover la suscripción de acuerdos para evitar la doble tributación, con el fin de brindar seguridad jurídica y atraer mayor inversión extranjera directa.
En segundo término, Perú debe ejercer una diplomacia de convergencia en los foros multilaterales, promoviendo activamente agendas de integración en materia de infraestructura digital, transición energética justa y facilitación del comercio de servicios; lo que le permitirá actuar como puente entre distintas regiones y construir coaliciones de interés común que trasciendan las presiones bilaterales.
Finalmente, resulta indispensable institucionalizar una diplomacia de alianzas estratégicas diversificadas, basada en la identificación de socios afines en diferentes bloques geopolíticos con quienes desarrollar agendas de cooperación y triangular en temas de interés global, como la seguridad alimentaria, la lucha contra el crimen transnacional y la protección de la biodiversidad, consolidando así una presencia internacional equilibrada, propositiva y resiliente.
Fortalecimiento del servicio exterior:
Resulta indispensable fortalecer el servicio exterior peruano como herramienta fundamental para ejecutar esta política de equilibrio. Perú debe invertir en la capacitación continua de sus diplomáticos en temas de geopolítica, economía internacional, negociación comercial y ciberseguridad, dotándolos de las habilidades necesarias para anticipar conflictos y aprovechar oportunidades en un entorno global volátil.
Asimismo, incrementar los recursos presupuestarios destinados a la ampliación del número de Embajadas residentes para mantener canales de comunicación directos con países geopolíticamente importantes para el Perú en los cuales no tenemos presencia directa.
La sustitución de las Embajadas concurrentes por el mecanismo de los Embajadores itinerantes y la creación de un cuerpo de agregados comerciales y tecnológicos especializados permitirá a Perú identificar oportunidades de inversión y cooperación en sectores de punta. Fortalecimiento de la Academia Diplomática proveyéndola de una infraestructura propia y del presupuesto adecuado que garantice la formación de profesionales con una visión estratégica y un profundo conocimiento de la realidad nacional e internacional.
3. Disuasión no militar, cooperación regional y alianzas selectivas
En el ámbito de la seguridad y la autonomía estratégica, Perú debe fortalecer su capacidad de disuasión no militar mediante la inversión en vigilancia satelital y control marítimo, modernizando su agencia espacial y su marina para monitorear el tráfico en sus puertos y fronteras de manera autónoma, reduciendo la dependencia de inteligencia extranjera. Esta inversión en capacidades propias es un primer paso indispensable para cualquier política exterior soberana.
En el plano de la cooperación energética y de minerales críticos el Perú podría optar promover espacios de intercambio de información y buenas prácticas con Argentina, Bolivia y Chile, así como en foros regionales como la Comunidad Andina y explorar acuerdos puntuales de cooperación tecnológica o de estandarización ambiental. El objetivo no debería ser crear un cártel de productores, sino armonizar criterios que permitan a la región negociar con mayor peso frente a los compradores globales, sin renunciar a la flexibilidad que cada país requiere.
Conclusión: La autonomía como construcción institucional
El análisis desarrollado a lo largo de este artículo revela una verdad incómoda pero ineludible: El accionar del Perú en el escenario de la rivalidad entre Estados Unidos y China no depende de la habilidad de sus diplomáticos para equilibrar influencias sino de la capacidad del Estado peruano para actuar como un actor estratégico. La geografía y el subsuelo han dotado al país de activos geopolíticos de primer orden, pero estos no se traducen automáticamente en soberanía. Por el contrario, en ausencia de instituciones fuertes, planificación de largo plazo y una visión compartida de desarrollo, esos mismos activos pueden convertirse en fuentes de dependencia y vulnerabilidad.
La paradoja que enfrenta el Perú es profunda: cuanto más valioso resulta para las grandes potencias, más expuesto está a sus presiones. China ve en las minas peruanas una extensión de su cadena industrial; Estados Unidos, una reserva estratégica para su autonomía tecnológica y militar. Ambas miradas son funcionales a sus propios intereses, no necesariamente al desarrollo del Perú. En este escenario, el "equilibrio pragmático" no puede consistir en una simple suma de acuerdos comerciales o en una declaración de neutralidad bienintencionada. Exige, más bien, que el Perú sea capaz de fijar sus propias reglas de juego.
Esto implica, como se ha argumentado, diversificar relaciones, fortalecer la diplomacia y ampliar la red de acuerdos comerciales con un enfoque cualitativo. Pero ninguna de estas acciones será efectiva si no descansa sobre una base institucional sólida. No hay política exterior autónoma sin un servicio exterior profesional y con recursos; no hay negociación equilibrada sin capacidad técnica para evaluar contratos y estándares ambientales; no hay soberanía energética sin inversión en vigilancia y control del territorio. En otras palabras, el margen de maniobra externo es, fundamentalmente, un reflejo de la fortaleza interna.
El desafío por tanto es recuperar la capacidad de planificación del Estado peruano y fortalecer sus instituciones reguladoras, ambientales y diplomáticas. Solo así será posible pasar de una inserción internacional pasiva —basada en la exportación de materias primas sin mayor procesamiento— a una inserción activa, en la que el país pueda negociar en pie de igualdad, exigir transferencia tecnológica y atraer inversiones que generen valor agregado y empleo de calidad.
En este sentido el objetivo sería lograr un país que resulte indispensable para ambos sin ser dependiente de ninguno. Un Perú que haga que tanto China como Estados Unidos necesiten de su éxito, en lugar de temer su alineamiento. La clave está en que las empresas de ambas potencias compitan por cumplir los estándares peruanos —ambientales, laborales y de transparencia. Esa competencia virtuosa, y no la mera disputa geopolítica, es la que puede garantizar un desarrollo sostenible con pleno ejercicio de la soberanía.
* La SPDI deja constancia que las opiniones vertidas en la presente columna reflejan solo el punto de vista de la persona autora y son exclusivamente atribuibles a ella.