EL PERÚ ENTRE ESTADOS UNIDOS Y CHINA
Embajador Oscar Maúrtua de Romaña
El sistema internacional contemporáneo ha dejado de estructurarse en torno a la supremacía indiscutida de los Estados Unidos de América. La literatura especializada coincide en que el orden unipolar, consolidado tras el fin de la Guerra Fría, comenzó a erosionarse a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la crisis financiera global de 2008. Ambos episodios pusieron de manifiesto los límites del poder estadounidense en materia de seguridad y las vulnerabilidades estructurales de su modelo económico-financiero, pilares centrales de su primacía global.
En paralelo, la República Popular China consolidó un proceso de ascenso sostenido. Su adhesión a la Organización Mundial del Comercio en 2001 aceleró su inserción en las cadenas globales de valor y producción, permitiéndole capitalizar los beneficios de la globalización económica, sin comprometerse en la política. Como consecuencia, en 2004 China se convirtió en la cuarta economía mundial y, en 2007, en la tercera. Este crecimiento sostenido durante más de tres décadas, se tradujo progresivamente en una mayor proyección de poder económico y diplomático.
Este ascenso relativo ha reactivado temores de confrontación sistémica. La denominada “Trampa de Tucídides”, popularizada por el politólogo Graham Allison, sostiene que cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia establecida aumenta la probabilidad de conflicto. A partir del análisis de dieciséis precedentes históricos, Allison identifica que doce derivaron en enfrentamientos armados. Esta lógica ha sido ampliamente invocada para interpretar la rivalidad entre China y Estados Unidos. No obstante, la profunda interdependencia económica entre ambas potencias eleva considerablemente los costos de un conflicto abierto, desplazando la competencia hacia planos focalizados.
En este contexto, el Perú ha optado por una estrategia de maniobra prudente entre ambas potencias. China se ha consolidado como su principal socio comercial, en 2024, las exportaciones peruanas hacia ese mercado alcanzaron los US $25,224 millones, cuadruplicando los niveles de 2010. Cerca del 91% de dicho monto corresponde a productos mineros, tendencia que se verá reforzada por la puesta en operación del megapuerto de Chancay, infraestructura estratégica con participación mayoritaria de la naviera estatal china COSCO.
Estados Unidos, por su parte, continúa siendo un socio fundamental. El Tratado de Libre Comercio vigente desde 2009 triplicó el intercambio bilateral, que en 2024 alcanzó los US $19.232 millones. A diferencia del patrón extractivo predominante en el vínculo con China, el mercado estadounidense absorbe principalmente exportaciones no tradicionales, especialmente agroindustriales y manufactureras, con mayor valor agregado.
Este delicado equilibrio ha quedado simbolizado en la controversia en torno al megapuerto de Chancay. El embajador estadounidense en Lima, Bernie Navarro, expresó su preocupación ante una eventual pérdida de supervisión estatal, advirtiendo que ciertas modalidades de financiamiento externo pueden comprometer la soberanía nacional.
La coyuntura evoca un antecedente histórico relevante. Tras la expropiación de la International Petroleum Company en 1968, el gobierno del general Juan Velasco Alvarado enfrentó el distanciamiento de Estados Unidos y optó por diversificar sus vínculos internacionales, estrechando relaciones con la Unión Soviética, China y el Movimiento de Países No Alineados, ampliando así sus márgenes de autonomía en un contexto de rivalidad bipolar.
En esa misma tradición se inscribe el concepto de “neutralidad activa”, desarrollado por el embajador Carlos García Bedoya. Esta noción alude a una participación internacional intensa y pragmática, orientada a maximizar beneficios sin incurrir en alineamientos automáticos. En un orden internacional crecientemente fragmentado, el desafío para el Perú consiste en actuar con criterio propio y convertir la competencia entre grandes potencias en oportunidades concretas para el desarrollo nacional.
* La SPDI deja constancia que las opiniones vertidas en la presente columna reflejan solo el punto de vista de la persona autora y son exclusivamente atribuibles a ella.